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	<title>NeoProgs &#187; Cátedra Pítica</title>
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		<title>El médico y el economista</title>
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		<pubDate>Thu, 23 Oct 2008 15:59:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cives</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cátedra Pítica]]></category>

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		<description><![CDATA[Xavier Sala i Martín comparaba su trabajo como economista con el de un médico. Él decía que la gente le pedía consejo sobre cómo hacerse rico y él en general no era capaz de dar ese consejo. La analogía con la medicina no es en absoluto estúpida. Ambas profesiones-los economistas y los médicos- tenemos un conocimiento relativamente bueno de por qué ocurren las cosas. Pero ambos tenemos un problema: a la hora de hacer diagnósticos, tenemos que interpretar un conjunto de síntomas que son sólo variables imperfectas de lo que está realmente ocurriendo.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Esta bitácora se llama <em>La ley de la gravedad</em>.  La razón para ello es un artículo de egócrata, fantástico, que se llamaba &#8220;<a href="http://ego-marx.blogspot.com/2006/06/poltica-y-la-ley-de-la-gravedad.html">política y ley de la gravedad&#8221;</a>.  Egocrata y yo creemos ambos que en ciencias sociales existe algo que podemos llamar ley de la gravedad: la gente responde a incentivos. La analogía es, en buena medida, un slogan; lo que estamos sugiriendo es que cuando hablamos de políticas públicas, debemos hacer un análisis de si el grupo de personas implicada tiene incentivos para hacer lo que se supone que deben hacer o no. Si una política pública asume que un grupo importante de gente tiene que actuar de forma heroica es probable que no lo haga a menos que se trate de héroes. Egócrata y yo defendemos que una vez llevado a cabo este análisis, si  es hecho correctamente, será en general posible decir si la política pública está bien o mal hecha. Además, ambos pensamos que una vez que evaluamos el esquema, uno tiene que tener en cuenta que está operando con recursos limitados y no en el mundo feliz donde todo es gratis.</p>
<p>Además, lo llamamos ley de la gravedad porque ambas cuestiones (la gente responde a incentivos y nada es gratis) <em><strong>son inevitables.</strong></em> Son nuestras restricciones cuando hacemos políticas. Construir cohetes a la luna supone gastar dinero en combustible y pagar pensiones supone cobrar contribuciones a la seguridad social. Además, ambos defendemos que el mainstream en economía sabe más sobre cómo hacer este tipo de cosas que el resto de la gente y que los discursos gaseosos basados en retórica y no en argumentos que lo critican no deben ser tomados en serio.</p>
<p><span class="pullquote"><!-- Creo que todos debemos respetar unos estándares científicos: las teorías deben ser contrastables, describir la realidad y, sobre todo, ser precisas, coherentes y suficientemente lógicas -->A esto, ha habido quien se ha tomado esta visión como una visión mecanicista de la sociedad</span>; la creencia en que todo se rige por leyes inmutables, etc… (<a href="http://agarzon.net/index.php?option=com_content&amp;task=view&amp;id=200&amp;Itemid=1" >e.g. I</a>, <a href="http://www.joserodriguez.info/bloc/?p=822" >II)</a> El debate es en última instancia metodológico y tengo previsto hablar de metodología un día de estos. Pero adelantaré una cosa; <em>yo no creo que en economía, ni en ninguna ciencia social exista algo remotamente parecido a la mecánica newtoniana o la tectónica de placas que permite hacer predicciones igual de acertadas.</em> Tampoco creo que los economistas debamos imitar a los físicos porque trabajamos con otra material, no con partículos. Sí creo sin embargo que todos debemos r<a href="http://neoprogs.com/2007/10/22/el-neopositivismo-es-un-humanismo/" >espetar unos estándares</a> científicos como que las teorías deben ser contrastables, describir la realidad y, sobre todo, ser precisas, coherentes y suficientemente lógicas. Y por esto, también creo que no hay sólo opiniones, también hay cosas que son ciertas y otras que no lo son: la economía es conocimiento objetivo.</p>
<p>Me gustaría aclarar el problema con otra analogía, aunque no estoy seguro de estar metiéndome en otro cenagal. Entiendo que mi artículo anterior era, en el fondo, un pelín autoritario sobre el tema en la medida en que me dedicaba a llamar a filas a la gente sin dar una visión suficientemente argumentada. Para eso, me voy a permitir una metáfora.</p>
<p>Xavier Sala i Martín <strong>comparaba su trabajo como economista con el de un médico.</strong> Él decía que la gente le pedía consejo sobre cómo hacerse rico y él en general no era capaz de dar ese consejo. La analogía con la medicina no es en absoluto estúpida. Ambas profesiones-los economistas y los médicos- tenemos un conocimiento relativamente bueno de por qué ocurren las cosas. Pero ambos tenemos un problema: a la hora de hacer diagnósticos, tenemos que interpretar un conjunto de síntomas que son sólo variables imperfectas de lo que está realmente ocurriendo.</p>
<p>El papel de ambas profesiones converge también en que nos dedicamos a prescribir remedios. Remedios, es decir, soluciones y ambos lo hacemos sin tener totalmente claro lo que está pasando. El médico observa que el paciente tose igual que el economista observa los datos de la inflación y a continuación dice lo que piensa que está ocurriendo. En general, tengo entendido que un médico experimentado no acierta más de un 70% de sus diagnóstico(es lo que me contaron mis colegas de medicina). Además, prescribimos remedios un poco a ciegas. Los economistas sabemos que cuando la cosa se estanca, uno baja los tipos de interés y aumenta el gasto igual que los médicos apuestan por el paracetamol; pero no sabemos muy bien lo que está ocurriendo. Tenemos en común también que una vez muerto, la autopsia nos revela lo que realmente había ocurrido con cierta fiabilidad.</p>
<p><span class="pullquote"><!-- Ambos tenemos un problema: a la hora de hacer diagnósticos, tenemos que interpretar unos síntomas que son sólo variables imperfectas de lo que está realmente ocurriendo -->Por supuesto, los economistas, igual que los médicos,</span> tenemos conflictos en cuanto a nuestras formas de curación y nuestros diagnósticos. Todos conocemos aquéllo de la “segunda opinión en medicina” con el añadido de que en economía no tenemos una, sino normalmente cientos de opiniones a la vez. Además, los médicos también varían en sus métodos. Cuando yo era niño tenía un problema de espalda y el traumatologo y el médico rehabilitador se peleaban sobre si el problema se solucionaba con gimnasia o con un Corsé. También tenemos visiones distintas a la hora de evaluar el riesgo, de atribuir valores a las variables, etc…</p>
<p>Otro aspecto que tenemos en común con los médicos es que el paciente, a menudo, se resiste al tratamiento. El médico dice al paciente “deje de fumar” o “haga deporta” y el economista dice que el déficit público, corregido por el ciclo debe ser nulo. Cuando el paciente se resiste a veces no pasa nada; Santiago Carrillo es muy mayor y ha fumado toda su vida; pero otras veces sí. La convergencia es también en la misión que tienen ambas profesiones; en ambos casos, se trata de profesionales con conocimientos específicos que suministran interpretaciones de la realidad a gente que está menos informada. Por supuesto, esas opiniones pueden entrar en colisión con los prejuicios de la gente; cuando el médico dice que deje de fumar, el paciente puede decir que su padre fumó toda su vida murió muy viejo. Incluso hay gente que se resiste a ir al médico para evitar un diagnóstico malo.</p>
<p>Un caso agudo es el de los pacientes tozudos. Esos son los que buscan una segunda opinión, y después de la segunda, una tercera y así hasta una octava. Cuando se han hartado se recibir diagnósticos similares este tipo de paciente recurren a la competencia. La competencia de la profesión médica suelen ir desde los remedios de la abuela hasta los curanderos, encantadores de serpientes, adivinos… Éstos últimos, en ocasiones-realmente raras- aciertan-o eso parece- porque al final el paciente se cura y entonces el paciente lo toma como una evidencia de que la “ir al médico no sirve de nada”. Todos conocemos a gente con esta actitud.</p>
<p>Un problema grave es la gente que no tiene la suerte de terminar curándose cuando va al curandero. En general, los curanderos aplican remedios o inocuos- tomate una infusión- o extremadamente duros y arcaicos-cataplasmas y el tratamiento de las sanguijuelas. Y muy a menudo, el tema funciona relativamente mal. Algo semejante ocurre con la economía;un grupo de economistas heterodoxos convencieron a Ronald Reagan de que bajar los impuestos aumentaría la recaudación. Ronald Reagan lo creyó y el déficit subió como había predecido el resto de la gente sensata. Mitterrand creyó que, como le sugerían sus ministros comunistas, se podía imprimir dinero indefinidamente y nacionalizar las principales compañías del país sin que eso causara ningún problema grave. Unos meses más tarde descubrió que, oh milagro, el franco se depreciaba y la economía se estancaba. Con<a href="http://ego-marx.blogspot.com/2006/05/de-nacionalizaciones-y-recursos.html" > los hidrocarburos ocurre parecido</a>.</p>
<p>Además- y esto debo reconocerlo- es cierto que ambas disciplinas padecen cierto autismo con algunas cosas. Las revoluciones en medicina existen; a veces, hay médicos que empiezan a experimentar con métodos caracterizados de heréticos y resulta que aciertan y descubren algo nuevo. En economía ocurre algo parecido; Akerlof descubrió que con información imperfecta los mercados no funcionaban bien, Stiglitz y Grossman formalizaron y establecieron los límites de la idea del rol informativo de los precios promovida por Hayek, y Kanheman y Tveerski descubrieron que las decisiones no suelen ser racionales.</p>
<p>En común tienen también ambas profesiones que a veces ambas se equivocan. Los economistas no saben predecir crísis, ni tampoco el futuro. Los médicos suelen equivocarse cuando hay lo que se llama un “caso díficil”; una enfermedad extraña o para la que no se tiene cura. Y en en ambos casos, la gente pueden terminar muriendo.</p>
<p><span class="pullquote"><!-- Nadie propone que en la facultad se dé medicina alternativa, vodoo o clase de remedios de la abuela; con los economistas no ocurre nada parecido -->Una diferencia clave, no obstante, es el status social de ambas disciplinas. </span>Nadie (digamos casi nadie) duda de que la medicina sea una ciencia y nadie en general propone que en la facultad se dé medicina alternativa, <em>voodoo</em> o clase de remedios de la abuela. Cuando hablamos de política sanitaria, en general, nadie argumenta que el mal funcionamiento del sistema sanitario se deba a un problema de método. La gente acepta que cuando se contrae el VIH o un cancer, el caso es difícil y no hay cura para ello salvo que uno tenga mucha suerte. Hay gente, claro, que recurre al <em>voodoo</em> o a los curanderos en un acto de desesperación. En general, es cierto que la gente reza cuando está enferma, pero nadie deja de ir a ver un buen médico. Además, tenemos instituciones, como el colegio de médicos, que regulan la práctica médica.</p>
<p>Con los economistas no ocurre nada parecido. La mayoría de la gente argumenta que se trata de una “protociencia”, o incluso “pseudociencia”. Incluso hay gente que argumenta que debería darse libertad para funcionar y que hay una pluralidad de métodos para hacer las cosas-del mismo modo que podríamos argumentar que las cataplasmas funcionan mejor que las gotas para los ojos. Una razón es probablemente que la regularidad de los fenómenos económicos es algo menor que la de las patologías sanitarias; los resfriados son todos parecidos, mientras que las crísis energéticas son bastante distintas. Pero no hay que dejarse engañar; los economistas hacemos predicciones relativamente acertadas de fenómenos relativamente sencillos; sabemos que si se produce más moneda los precios suben, que si se produce más de un bien, los precios bajan, que cuando un país tiene recursos naturales eso reduce sus posibilidades de convertirse en una democracia. Pero en mi opinión, la diferencia más importante es que en ciencias sociales hay mucha más gente opinando sobre el mismo fenómeno. Cuando hay un caso difícil, hay más gente diciendo cuál es su opinión. Eso hace que los conflictos de opiniones sean más visibles.</p>
<p>Egocrata y yo argumentamos que la izquierda, para estar sana, debe hacer ejercicio, comer sano y tener en cuenta que las malas prácticas terminan saliendo mal.  En definitiva, seguir los consejos del médico. Entendiendo que si esto se desobedece de forma sistemática, al final las cosas terminarán saliendo mal. Eso no garantizará que todo vaya bien; ni egócrata ni yo predijimos la crisis actual, ni ninguno de los dos sabemos cómo curar enfermedades como las desigualdades sociales, la pobreza infantil o las guerras en general. Tenemos alguna idea de como aliviar ese tipo de fenómenos, peor nada más.</p>
<p>A izquierda y derecha hay gente que sí argumenta tener remedios para esas “enfermedades”. Normalmente, suele tratarse del equivalente médico al electro-shock (en el FMI hubo un grupo de gente que tenía esa teoría durante bastante tiempo) o la sangría con sanguijuelas. Otros abogan por remedios como el equivalente a la castración -como “abolir el sistema financiero”-, defendiendo que, una vez que hayamos eliminado la fuente del dolor, el dolor desaparecerá.</p>
<p>Egocrata tal vez no, pero yo sí pienso que debe haber una regulación de la profesión; es decir, no “compro” el anarquismo metodológico al que se adhiere por ejemplo,<a href="http://www.lorem-ipsum.es/blogs/laleydelagravedad/?p=92#comment-678"> Alberto Garzón</a>. Creo que debe haber instituciones para diferencias a los profesionales de los charlatanes y especialmente de los charlatanes profesionales. Pienso que se debe explicar a la gente la diferencia entre la economía ortodoxa y la economía heterodoxa en los mismos términos en que diferenciamos entre el curanderismo y la medicina seria.</p>
<hr />
<p>Publicado originalmente en <a href="http://www.lorem-ipsum.es/blogs/laleydelagravedad/?p=93">La ley de la gravedad</a>.</p>
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		<title>El Neopositivismo es un Humanismo</title>
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		<pubDate>Mon, 22 Oct 2007 15:57:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jesús Zamora Bonilla</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cátedra Pítica]]></category>

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		<description><![CDATA[El siglo XX ha sido, por encima de muchas otras cosas, el siglo de la ciencia. Para bien o para mal, nuestra tecnificada sociedad se distingue de todas las otras casi en mayor medida que lo que cualesquiera de las demás se hayan diferenciado nunca entre sí, y, sin olvidar las importantes transformaciones acontecidas en materia política, ello se debe sobre todo a las capacidades científicas e industriales que hemos acumulado en la historia reciente.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em> Publicado en </em>Claves de Razón Práctica<em>. Volumen: 131. Páginas: 40-47. Fecha: 2003.</em></p>
<p>El siglo XX ha sido, por encima de muchas otras cosas, el siglo de la ciencia. Para bien o para mal, nuestra tecnificada sociedad se distingue de todas las otras casi en mayor medida que lo que cualesquiera de las demás se hayan diferenciado nunca entre sí, y, sin olvidar las importantes transformaciones acontecidas en materia política, ello se debe sobre todo a las capacidades científicas e industriales que hemos acumulado en la historia reciente. Es totalmente absurdo, por tanto, intentar comprender la sociedad contemporánea pretendiendo ignorar simultáneamente los mecanismos capilares mediante los que la investigación y el conocimiento científicos se interconectan con el resto de ámbitos económicos, políticos y culturales, y esto exige alcanzar una comprensión razonable de los procedimientos y resultados de la investigación científica.</p>
<p>Por fortuna, no andamos escasos de estudios acerca de estos temas, pero hay que reconocer también que mucho de lo que se escribe en los últimos años sobre la ciencia parece ser más bien el resultado de una profunda incomprensión de sus aspectos más fundamentales. Las fuentes de dicha incomprensión son muchas, y en ocasiones se multiplican alimentándose unas a otras, aunque frecuentemente se trata sólo de interpretaciones descabelladas, exageradas, o meramente precipitadas, de algunos hechos que realmente se dan en el terreno de la ciencia y de sus relaciones con la sociedad: hechos tales como la frecuente falta de consenso entre los científicos, la magnitud de los problemas importantes para los que la ciencia no encuentra solución, la creciente simbiosis entre la investigación científica y el capital privado, la persistencia de astronómicas desigualdades económicas en presencia de sofisticados desarrollos tecnológicos, o la enorme distancia que media entre el contenido abstracto de muchos descubrimientos y las visiones hogareñas y llenas de sentido en cuyo marco transcurre la vida de casi todos nosotros.</p>
<p>Estos hechos son indiscutibles, y una adecuada comprensión de la ciencia debe siempre tenerlos en cuenta en su justa medida, e intentar explicarlos, pero de ninguna manera para justificar un rechazo absoluto y generalizado de la validez del conocimiento científico, pues es precisamente dicha validez la que ha permitido que la investigación científica y tecnológica haya contribuido a transformar tan intensamente nuestra sociedad. No por mil veces repetido es menos cierto el argumento de que, si la aerodinámica y la electrónica poseyeran más o menos la misma objetividad que las prácticas mágicas o la meditación transcendental, los intelectuales que se dedican a criticar la “racionalidad tecnocientífica-instrumental-capitalista” no acudirían a dar sus bien pagadas conferencias viajando en avión, sino tal vez volando en una escoba, y no discutirían con sus editores a través del teléfono móvil o del correo electrónico, sino mediante la telepatía o el tam-tam.</p>
<p>Tras cuatro décadas de creciente desarrollo de las actitudes antiobjetivistas hacia la ciencia (estimuladas en parte por la difusión de la maravillosa obrita de Thomas Kuhn La estructura de las revoluciones científicas, cuyo cuadragésimo aniversario se cumple ahora, y que es en gran medida inocente de las interpretaciones más radicales que ha servido para justificar a posteriori), parece llegada la hora de plantearnos la cuestión de si la imagen más tradicional de la ciencia a la que dicha obra se oponía no habrá sido criticada de forma demasiado injusta, y si no ganaríamos algo intentando recuperar algunos aspectos, tremendamente sensatos, de las concepciones sobre el conocimiento científico que proponían los defensores del llamado “neopositivismo” (expresión esta última que, por cierto, ha terminado convirtiéndose casi en un insulto entre los filósofos). En este artículo voy a indicar algunas de las ideas de esta corriente que han sido más severamente criticadas durante las últimas décadas, intentando justificar por qué los aspectos fundamentales del positivismo no sólo no se ven afectados por estas críticas, sino que ellas apuntan más bien hacia tesis que cualquier positivista sensato incluiría dentro de sus propias posiciones, y argumentaré también que este positivismo reflexivo no habría de tomarse como una concepción epistemológica para consumo interno de los filósofos, sino más bien como una parte fundamental de la visión que los seres humanos podemos tener de nosotros mismos a estas alturas de la historia <a href="4/#1"><sup>1</sup></a>.</p>
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		<title>Who and what are the NeoProgs</title>
		<link>http://neoprogs.com/catedra/who-and-what-are-the-neoprogs/</link>
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		<pubDate>Sun, 23 Sep 2007 15:52:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cives</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cátedra Pítica]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.ishkarioth.com/newoprogs/?p=206</guid>
		<description><![CDATA[Descubrimos hace poco que somos neoprogresistas. Cuando se tienen ideas de izquierdas y se empieza a pensar de forma pragmática aparecen fuerzas misteriosas que casi magnéticamente te empujan hacia la derecha. Lo curioso es que esas fuerzas no vienen de la derecha, como podría esperarse, sino de la izquierda.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Había otras tendencias y figuras en el SPD. Una revuelta contra la actitud pseudo-revolucionaria del SPD fue protagonizada por Eduard Berstein alrededor de 1900. Dijo, esencialmente, que la revolución era improbable porque el capitalismo ya no estaba sometido a crisis periódicas; superflua porque los objetivos socialistas podía ser alcanzado de forma no violenta y en cualquier caso indeseable porque nociones como la &#8220;dictadura del proletariado&#8221; pertenecían a un estadio inferior de la civilización. Aunque estas visiones coincidían con las prácticas del SPD, el partido se encontró incómodo con el hecho de decirlo en público. “Querido Ede” -escribió un líder sindical- &#8220;uno no dice este tipo de cosas; uno solamente las hace”</p>
<p class="derechado"><small>Jon Elster, <em>Introducción a Karl Marx</em> (pag 13)</small></p>
</blockquote>
<p>Descubrimos hace poco que somos neoprogresistas. Cuando se tienen ideas de izquierdas y se empieza a pensar de forma pragmática aparecen fuerzas misteriosas que casi magnéticamente te empujan hacia la derecha. Lo curioso es que esas fuerzas no vienen de la derecha, como podría esperarse, sino de la izquierda. Si se intenta razonar con un economista para defender valores de izquierda, es probable que se acabe siendo etiquetado de “neoliberal” en el mejor de los casos. Es como si el tipo de razonamiento empírico, racional y pragmático que debiera ser común a cualquier persona sensata fuera visto, tanto por la izquierda como por la derecha, como una ideología de derecha. Consecuentemente, eres invitado a abandonar tus preocupaciones de izquierdas como la justicia, la redistribución y la igualdad y pasar al otro lado de la barricada a defender principios conservadores.</p>
<p><span class="pullquote"><!-- Los neoprogresistas tenemos algo en común con los neoconservadores: también somos escépticos -->El término neoprogresista es la -poco original- síntesis de los términos “neoconservador” y “progresista”. </span>El movimiento neoconservador nació durante la guerra fría y estaba mayoritariamente integrado por antiguos izquierdistas -incluso extrotskistas- que habían descubierto el horror del comunismo y habían seguido el proceso de considerar que la única alternativa posible era ser de derechas. Era en este sentido una ideología de “reacción”. En tanto que realistas, los neoconservadores eran escépticos respecto a las reformas del <em>new deal</em> y la gran sociedad de Kennedy. No era tanto que se opusieran a los principios que las inspiraban, únicamente eran escépticos respecto a la posibilidad de alcanzar esos objetivos. En el medio plazo a base de jugar del mismo lado en el juego político que los viejos derechistas, los neoconservadores se convirtieron efectivamente en conservadores. Sus principios, sus valores, sus ideas y su filosofía eran conservadores, incluso reaccionarios.</p>
<p>No hay que minusvalorar la estrategia que siguieron los neoconservadores. Esa estrategia ha permitido que cosas tan ancladas en el pasado y anacrónicas como los valores de la familia o la religión hayan sobrevivido y han conseguido además ser una ideología influyente, al menos hasta la intervención en Iraq.</p>
<p>Los neoprogresistas tenemos algo en común con los neoconservadores (de hecho, la simetría no es casual): también somos escépticos. Profunda y racionalmente escépticos. Sin embargo, a diferencia de los neoconservadores, continuamos siendo fieramente de izquierdas con valores progresistas y una cosmovisión de izquierdas. Somos tan ambiciosos como el más radical de los marxistas en nuestros objetivos respecto del status quo; no obstante, pensamos que los cambios no tienen por qué ser fáciles ni gratuitos ni inevitables y es por esa razón que somos escépticos.</p>
<h3>El significado del escepticismo</h3>
<p>Los neoprogs somos tan idealistas como es posible serlo con la ciencia en la mano y tan escépticos como la realidad nos exige. Creemos firmemente en la existencia de la Ley de la Gravitación Universal y que las conclusiones del mainstream de las ciencias sociales son básicamente acertadas. De hecho, nuestro escepticismo no tiene que ver con el marco del razonamiento: aceptamos y creemos en ese marco. ¿Qué significa entonces ser escépticos? En realidad, exactamente lo contrario.</p>
<p>Los principios más importantes de nuestro método de razonamiento son dos: la gente responde a incentivos y nada es gratis. Pensamos que transformar la sociedad en un lugar mejor tendrá costes y que ningún esquema regulatorio puede basarse -solamente- en el supuesto de que la gente se comporta de forma altruista. Tomando estas restricciones como datos (que no son de izquierdas ni de derechas), nuestro fin es alcanzar nuestros objetivos (de izquierdas) del modo más eficiente posible. Esto tiene varias consecuencias.</p>
<p><span class="pullquote"><!-- Pensamos que una izquierda moderna debería pensar en términos de consumidores, no en términos de trabajadores -->Somos en primer lugar escépticos respecto a los prejuicios de la izquierda tradicional. </span>El modo en que los socialistas tradicionales razonan estaba construido sobre la base de la cosmovisión marxista basada en lucha de clases y el lugar central de los obreros. Impuestos altos, sindicalismo, sector público grande y la nacionalización eran de forma razonable los métodos de la vieja izquierda y el grado de ubicación a la izquierda se definía en función de esas variables. Sin embargo, en una sociedad mayoritariamente de clases medias, ni la lucha de clases ni el “obrerismo” parecen razonables ni adaptados. En tanto que socialdemócratas, los neoprogs aceptamos que el mercado es un método eficiente para crear y distribuir riqueza. En este sentido, no creemos que una economía de mercado eficaz sea compatible con el paradigma “abajo el empresario, abajo el capital” ni consideramos la distribución “capital-trabajo” como el principal problema de la sociedad. Por el contrario, pensamos que una izquierda moderna debería pensar en términos de consumidores, no en términos de trabajadores: asegurar que los consumidores tienen acceso a un precio justo a una cantidad justa de bienes de buena calidad de acuerdo con sus preferencias individuales.</p>
<p>Somos, también y tal vez sobre todo, escépticos respecto de las soluciones “realistas”. En las últimas dos décadas se ha desarrollado una ideología tiránica que pretende ser “realista”. La tiranía reside en el hecho de que al denominarse realista, cualquier intento por cuestionarla supone también negar los hechos o vivir en un mundo irreal. Según sus defensores, esa ideología está basada en conclusiones científicas y prescriben la privatización, la bajada de impuestos, la desregulación y el Estado mínimo como soluciones universales para cualquier problema imaginable. Los neoprogs somos también profundamente escépticos respecto a esta forma de “fundamentalismo de mercado”. Somos escépticos respecto al dogma de que el Estado de Bienestar es una fuente de miseria o que las bajadas de impuestos y la desregulación son uniformemente buenas. Denunciamos la etiqueta autoatribuida de “realismo” de estas tendencias y pensamos, con la corriente dominante en economía, que los problemas de información asimétrica, de poder de negociación desigual, de externalidades y de bienes públicos son problemas reales que no pueden ser resueltos con el “efecto mágico del mercado” solamente. Estos fenómenos no son tampoco, como se ha querido hacer creer, minoritarios ni se reducen a un par de sectores -como la defensa nacional y la policía- sino que son ubicuos en la vida económica y su presencia justifica un rol potencial para el Estado. La protección del medioambiente, el cambio climático, la marginación y discriminación de minorías, las políticas de mantenimiento de la competencia y la redistribución de la riqueza son todos problemas donde la fuente no es la presencia del Estado sino, al contrario, su ausencia.</p>
<p>Por otro lado, somos igualmente escépticos respecto al concepto con creciente aceptación del “Estado de Bienestar sólo para ricos” promovido tanto por la izquierda tradicional como por la derecha conservadora. Algunos ejemplos son las políticas proteccionistas, la oposición a la globalización, o los subsidios a determinadas industrias -como la agricultura- que no sólo carecen de cualquier tipo de justificación desde el punto de vista de la equidad o de la eficiencia, sino que además son extremadamente dañinas para los países en vías de desarrollo. El Estado de Bienestar debería estar orientado a la protección de los individuos, no de las empresas ni de los puestos de trabajo.</p>
<h3>¿Qué orientación política?</h3>
<p>Suele ser algo aceptado que la “socialdemocracia está en crisis”. Un vistazo a la Historia sin embargo nos indica que ésta es una visión que ha acompañado a los movimientos socialistas desde su nacimiento.</p>
<p><span class="pullquote"><!-- Nuestros valores son los mismos que los de la vieja izquierda: autonomía individual, igualdad, meritocracia, compromiso y redistribución -->Somos conscientes de que el lector estará tentado a concluir que los neoprogs tenemos una ideología de “centro-izquierda”</span> (a lo sumo). Estamos decididamente en contra de esta visión. Ser una ideología de “centro izquierda” supondría que nos hemos movido hacia la derecha, dado que el centro izquierda está a la derecha de la izquierda. Esto es, habríamos renunciado (¿traicionado?) algunos de nuestros ideales de izquierdas aceptando cosas tan obscenas como el mercado, el individualismo o la propiedad privada. Sin embargo, si hay alguna forma de ubicarnos en el especto político, los neoprogs somos una ideología de extrema izquierda; estamos a la izquierda de los marxistas, anarquistas, y cualquier otra ideología de extrema izquierda. Nuestras ambiciones son tan revolucionarias como las de la izquierda más extrema, pero pensamos que éstas deben ser alcanzadas a través de un camino viable. Esto es: nuestros métodos son modernos, nuestros objetivos son radicales.</p>
<p>Nuestros valores son los mismos que los de la vieja izquierda: creemos en una sociedad basada en la autonomía individual, en la igualdad, en la meritocracia real (y justa), en el compromiso y en la redistribución de la renta. Estamos profundamente en contra de todas las formas de herencia y de privilegios transmitidos de padres a hijos. Estamos en contra de todas las formas de fanatismo; creemos en el conocimiento como el instrumento fundamental de la emancipación y nos oponemos a las visiones nihilistas u oscurantistas que lo cuestionan. Somos universalistas (Derechos Humanos para todos) e internacionalistas. Creemos que lo que mantiene unida a una sociedad son los principios, los valores y no la cultura, la familia, la tradición o cualquier otra forma reaccionaria de comunitarismo. La diferencia es que donde la izquierda antigua tendía a aumentar los impuestos y nacionalizar las empresas, nosotros creemos en una política de competencia draconiana y una política que asegure a los individuos -no a los trabajadores ni a los empresarios- contra los riesgos de toda clase.</p>
<p>No creemos en los valores que son propios de la derecha. No defendemos ni el patriotismo ni la familia. Por el contrario, pretendemos sustituir al nacional por el ciudadano como unidad básica. No creemos tampoco en la versión egoísta -e injusta- del individualismo: los individuos tienen derechos y existen amenazas para esos derechos que no provienen del Estado.</p>
<p>Rechazamos por tanto la visión que tiende a definir la intensidad del izquierdismo solamente en función del tamaño del Estado y la confianza en la intervención del sector público. La cuestión de efectividad de esta intervención es un problema fundamentalmente empírico, no ideológico, y pretender lo contrario equivale a permitir que la derecha se apropie injustificadamente del monopolio de lo que es posible: implica traicionar el viejo mandato socialdemócrata de anteponer la realidad a los prejuicios y el <em>wishful thinking</em>. La ideología interviene cuando decidimos nuestros objetivos. Aquí, la división está clara: a un lado están los defensores de la tolerancia, de la emancipación individual, de la oposición a la herencia, de la igualdad, la justicia, del raciocinio y del escepticismo racional, al otro los defensores del fanatismo, la herencia, la irracionalidad, la tradición, y la reacción.</p>
<p>Tened cuidado: estamos intelectualmente armados y somos peligrosos. Tras los Neocons, vienen los Neoprogs.</p>
<hr />
<p>Publicado originalmente en <a href="http://auxarmescitoyens.blogspot.com/2007/09/what-and-who-are-neoprogs.html">Aux armes citoyens!!!</a>. Traducido, ampliado y adaptado por <a href="http://www.lorem-ipsum.es/blogs/laleydelagravedad">Citoyen</a>.</p>
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		<title>Política y la ley de la gravedad</title>
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		<pubDate>Mon, 05 Jun 2006 15:48:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Roger Senserrich</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cátedra Pítica]]></category>

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		<description><![CDATA[Uno de los principales problemas a los que se enfrentan algunos políticos es la lucha contra la ley de la gravedad. Sencillamente, hay gente que está en contra de esta ley. Bien sea porque caer no les gusta, contradice alguno de sus principios o porque algún <a href="http://elmundo.es/diario/opinion/1978981.html">malvado terrorista defiende</a> y respeta la gravedad, algunos idealistas trabajan por su abolición. No a la atracción mecánica de los cuerpos. Por una <a href="http://www.theonion.com/content/node/39512">teoría de la caida inteligente</a>. Debemos abolir esta ley injusta.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Uno de los principales problemas a los que se enfrentan algunos políticos es la lucha contra la ley de la gravedad. Sencillamente, hay gente que está en contra de esta ley. Bien sea porque caer no les gusta, contradice alguno de sus principios o porque algún <a href="http://elmundo.es/diario/opinion/1978981.html">malvado terrorista defiende</a> y respeta la gravedad, algunos idealistas trabajan por su abolición. No a la atracción mecánica de los cuerpos. Por una <a href="http://www.theonion.com/content/node/39512">teoría de la caida inteligente</a>. Debemos abolir esta ley injusta.</p>
<p>¿Suena absurdo, verdad? La verdad es que no lo es tanto. La primera tarea de cualquier persona que esté diseñando una política pública (o la ausencia de esta; confiar en el mercado es también política) es tener una idea clara sobre cómo es la realidad. Es tentación de muchos, tanto en la izquierda como en la derecha, de confundir realidad con deseo, sugeriendo programas y proyectos basados en preconcepciones y prejuicios antes que en un conocimiento detallado del mundo.</p>
<p>Desde la derecha y el liberalismo, la preconcepción más generalizada es la de la eficiencia absoluta de los mercados. Como toda idea erronea, tiene una base importante de realidad (los mercados sí son eficientes casi siempre) pero excluye elementos importantes. Los mercados pueden tener problemas. Es más, en muchas ocasiones sólo pueden funcionar cuando alguien vigila que estos cumplan algunas condiciones imprescindibles, como información (casi) perfecta, costes de transacción limitados y capacidad de hacer cumplir contratos rápidamente.</p>
<p>Ejemplos de mercados fallidos o que necesitan cuidados intensivos hay muchos y variados. Recientemente hablada de <a href="http://ego-marx.blogspot.com/2006/05/los-chicos-listos-acaban-en-la-carcel.html">Enron</a>, un ejemplo claro de mercado de capitales parcialmente fuera de control; mucho más cercano tenemos el <a href="http://ego-marx.blogspot.com/2006/05/cunto-pardillo-o-ms-sobre-informacin.html">fraude de Afinsa</a> recordándonos por qué sin información el mecanismo no funciona. El <a href="http://ego-marx.blogspot.com/2006/04/salidad-y-libre-mercado.html">desastre</a> que es el sistema sanitario en Estados Unidos es otro ejemplo claro de un mercado <a href="http://ego-marx.blogspot.com/2005/09/eficiencia-mercados-y-sanidad-privada.html">incapaz de ser eficiente</a>, por más que se trate de aumentar la competencia.</p>
<p><span class="pullquote"><!-- Lo que un político debe tener siempre en mente es que nada sale gratis -->En ocasiones, los costes de una empresa no son pagados por esta</span>, sino que son lanzados contra otros, rompiendo con los mecanismos de asignación eficiente de recursos al hacer un bien artificialmente barato. Los economistas lo llaman <a href="http://ego-marx.blogspot.com/2006/05/pasando-la-factura-otros-las.html">externalidades</a>, y reconocen que en muchas ocasiones sólo se pueden arreglar mediante intervención estatal.  Desde la contaminación atmosférica al <a href="http://ego-marx.blogspot.com/2006/01/urbanismo-y-ciudades-iii-polica.html">nivel de crimen</a> o la <a href="http://ego-marx.blogspot.com/2006/02/urbanismo-y-ciudades-iv-el-mercado.html">eficiencia</a> del transporte en las ciudades, pasando por <a href="http://ego-marx.blogspot.com/2005/10/algunas-notas-sobre-geografa-econmica.html">dónde se establecen las empresas</a>, el regular o no un sector de la economía puede producir efectos contraproducentes (y muy caros) en otros lugares.</p>
<p>En general, cuando los mercados tienen problemas para <a href="http://ego-marx.blogspot.com/2006/01/de-informacin-y-coches-de-segunda-mano.html">distribuir información</a> o para asignar costes, <a href="http://ego-marx.blogspot.com/2006/05/pasando-la-factura-otros-las.html">la eficiencia</a> de estos se resiente. Más allá de la equidad o igualdad producida por los mercados (eso para más adelante),  es necesario ser consciente que su funcionamiento es mucho menos automático de lo que parece, requiriendo una serie de instituciones y mecanismos no necesariamente sencillos.</p>
<p>La izquierda, mientras tanto, tiene el problema de creer que la intervención en los mercados es siempre relativamente sencilla, y que es posible arreglar cualquier injusticia a base de utilizar legislación. Del mismo modo que dejar los mercados solitos puede tener costes, entrar como un tanque para desfacer entuertos puede crear más problemas que soluciones.</p>
<p>Lo que un político debe tener siempre en mente es que nada sale gratis, y cualquier legislación dirigida a arreglar problemas puede tener sus costes. El ejemplo más claro es el <a href="http://ego-marx.blogspot.com/2005/06/abarantar-el-despido-es-la-nica-salida.html">mercado de trabajo</a>. Como todo, una hora trabajada tiene un precio, un determinado salario. Cuando hay mucha gente ofreciendo el producto (queriendo trabajar) el precio de este baja; cuando hay poca gente vendiendo el producto y muchos compradores (el paro es bajo y la economía crece) el precio sube. Los salarios, mal que nos pese, siguen el nivel de paro; si queremos que los salarios suban, se debe aumentar el empleo.</p>
<p>Cuando en el mercado laboral se obliga a quien tiene un contrato tenga indemnizaciones y protección contra el despido, lo que se está haciendo es hacer ese contrato más caro. Cuando en un mercado el bien ofrecido (hora trabajada) sube de precio, la demanda por este bien baja, ya que los compradores trataran de buscar alternativas a mejor precio (maquinaria) o se irán con la fábrica a otra parte. Tratar de subir los salarios por ley, a base de aumentar las protecciones (que son un coste adicional) no crea empleo, sólo lo encarece. Por mucho que pretendamos que los empresarios deban recortar sus beneficios para emplear más gente, esto no sucederá nunca, así que las regulaciones sólo harán que aumentar el nivel de desempleo. Los <a href="http://ego-marx.blogspot.com/2005/06/abarantar-el-despido-es-la-nica-salida.html">dos mercados</a> de trabajo en España son <a href="http://ego-marx.blogspot.com/2006/02/sobre-mercado-laboral-y-productividad.html">un ejemplo</a> de ello.</p>
<p>El prejuicio contra el libre mercado genera otro de las aficiones de la izquierda, un <a href="http://ego-marx.blogspot.com/2005/12/algunas-notas-sobre-libre-comercio.html">irracional apego al proteccionismo</a>. Sean <a href="http://ego-marx.blogspot.com/2005/11/chirac-sus-agricultores-y-el-libre.html">productos agrícolas</a> o sean <a href="http://ego-marx.blogspot.com/2006/02/servicios-liberalizaciones-y-otros.html">servicios</a>,  se ignoran los costes derivados de proteger ciertos sectores creados por una política restrictiva.</p>
<p>Todo esto, sin embargo, no debe llevar a olvidarnos que las decisiones políticas sobre qué tipo de sociedad queremos tener sí tienen efectos reales. Los diversos <a href="http://ego-marx.blogspot.com/2005/10/tipos-de-estado-del-bienestar.html">tipos de estado del bienestar</a> y sus efectos crean condiciones radicalmente distintas para los ciudadanos. Aún cuando no producen a efectos prácticos niveles de riqueza demasiado distintos (si uno tiene en cuenta el <a href="http://www.pkarchive.org/column/072905.html">PIB por hora trabajada</a>) los niveles de igualdad, oportunidades y redistribución de cada uno de ellos son muy distintos.</p>
<p>El principal problema al que se enfrenta un político es evitar que sus fines escojan los medios con los que trabaja, o que la alergia a determinados medios le impida llegar a sus fines. La izquierda debe tener claro dónde quiere llegar, no cómo. La realidad nos limita los medios; no debemos dejar que la teoría nos los imponga.</p>
<hr />
<p>Publicado originalmente en <a href="http://ego-marx.blogspot.com/2006/06/poltica-y-la-ley-de-la-gravedad.html">Materias Grises</a></p>
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